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Pausas breves para pies, tobillos y piernas durante el turno

Pasar buena parte de la jornada de pie puede hacer que, con el avance del turno, las piernas se sientan pesadas y los pies empiecen a pedir un descanso. Pero una pausa no siempre significa sentarse durante varios minutos o detener por completo el trabajo.

Cuando el momento y las condiciones del servicio lo permitan, algunos movimientos breves pueden ayudarte a cambiar de posición, movilizar los tobillos y soltar parte de la sensación de carga acumulada.

La clave está en hacerlos con suavidad, sin forzar y respetando siempre los protocolos de seguridad de tu institución.

Una pausa diferente para cada momento de la jornada

No existe una única rutina que debas repetir siempre. Puedes escoger el movimiento que mejor se adapte al momento del turno, al espacio disponible y a cómo se siente tu cuerpo.

1. Al comenzar el turno: reconoce tu apoyo

Antes de iniciar, apoya ambos pies completamente sobre el suelo.

Revisa que el peso esté distribuido entre las dos piernas y evita mantener las rodillas completamente rígidas.

Quédate así durante algunos segundos y observa:

  • si estás apoyando más un lado que el otro;
  • si tienes los hombros o las piernas demasiado tensos;
  • si tu postura se siente estable y cómoda.

No se trata de encontrar una posición perfecta. Se trata de comenzar reconociendo cómo estás apoyando el cuerpo.

2. Después de permanecer de pie: eleva los talones

Cuando tengas un momento seguro:

  1. Apoya ambos pies en el suelo.
  2. Eleva lentamente los talones hasta quedar apoyada sobre la parte delantera de los pies.
  3. Mantén la posición durante un segundo.
  4. Baja los talones de manera controlada.
  5. Repite entre cinco y diez veces, sin apresurarte.

Puedes apoyarte en una superficie firme si necesitas mayor estabilidad.

El movimiento debe sentirse suave. No es necesario elevar demasiado los talones ni hacerlo con rapidez.

3. Entre una tarea y otra: cambia el peso de lado

Permanecer mucho tiempo con el peso concentrado en una sola pierna puede aumentar la sensación de cansancio.

Para cambiar de posición:

  1. Mantén ambos pies separados a una distancia cómoda.
  2. Lleva suavemente el peso hacia una pierna.
  3. Regresa al centro.
  4. Cambia hacia la otra pierna.
  5. Repite varias veces sin bloquear las rodillas.

Este movimiento puede hacerse de forma discreta y no requiere desplazarte del lugar.

4. En una pausa sentada: mueve los tobillos

Cuando puedas sentarte por un momento:

  1. Mantén los pies ligeramente separados del suelo.
  2. Dibuja círculos suaves con un tobillo.
  3. Cambia el sentido del movimiento.
  4. Repite con el otro pie.
  5. Finaliza llevando las puntas de los pies hacia adelante y luego hacia ti.

Haz movimientos pequeños y controlados. No necesitas completar círculos grandes para movilizar la zona.

5. Después de caminar mucho: alterna punta y talón

Sentada o de pie con apoyo estable:

  1. Mantén los talones en el suelo y eleva las puntas de los pies.
  2. Baja las puntas.
  3. Eleva los talones.
  4. Regresa lentamente a la posición inicial.
  5. Alterna ambos movimientos varias veces.

Esta secuencia puede ayudarte a cambiar el apoyo después de caminar, subir escaleras o permanecer mucho tiempo en una misma posición.

6. Al finalizar el turno: suelta los pies

Antes de cambiarte o salir de la institución, dedica un minuto a mover cada pie de forma consciente:

  • abre y relaja los dedos dentro del calzado;
  • lleva suavemente la punta del pie hacia adelante;
  • mueve cada tobillo de un lado al otro;
  • cambia el peso entre ambas piernas.

Puede ser una forma sencilla de marcar el cierre físico de la jornada antes de continuar con el resto del día.

¿Cuánto debe durar una pausa?

No necesitas completar todos los movimientos en una sola pausa.

Puedes elegir uno y realizarlo durante treinta segundos o un minuto. Lo importante es que el movimiento se adapte al momento y no interfiera con la atención del paciente, la seguridad del procedimiento ni las normas del área.

Una práctica posible sería:

  • al empezar: revisar el apoyo de los pies;
  • durante la jornada: elevar los talones;
  • entre tareas: cambiar el peso;
  • al sentarte: mover los tobillos;
  • al finalizar: soltar pies y piernas.

Así, la pausa deja de ser una actividad adicional y se integra de manera sencilla en diferentes momentos del turno.

Recuerda hacerlo de forma segura

Realiza estas pausas únicamente cuando el entorno lo permita y tengas una superficie estable.

Detén el movimiento si genera dolor, mareo o una molestia diferente al cansancio habitual. Si presentas dolor, hinchazón marcada o síntomas persistentes, es importante buscar orientación de un profesional de salud.

Un minuto también cuenta

No siempre tendrás una pausa larga ni un espacio especial.

Pero cuando sea posible, un minuto para cambiar de postura, movilizar los tobillos o descargar el peso puede convertirse en un pequeño gesto de cuidado dentro de la jornada.

No se trata de exigirte una rutina más.

Se trata de encontrar movimientos sencillos que puedan acompañarte en momentos reales del turno.

💙 Tu día a día puede ser más fácil.